lunes, 1 de diciembre de 2008

Plan para SICAB


Aún me duele la cabeza al pensarlo. Este viernes salimos por Sevilla y vaya torta que nos cogimos (y no nos engañemos señores, todos absolutamente todos).

La noche empezó con plan "alternativo" a SICAB, creo que ninguno de nosotros tenía muchas ganas de beber cerveza rodeado de caballos, dueños de yeguadas, compradores, y tontos, que en SICAB hay mucho tonto. Lo único que, al menos a mí, me llamaba de la Feria del Caballo era la posibilidad de que aquello estuviese plagado de "gachises" de altos vuelos con ganas de marcha. El caso es que pasamos de ir y quedamos para tomar cerveza en una conocida cervecería de Sevilla. Y vaya si ponen cervezas, todas las que pides, claro, y pedimos muuuuchas, demasiadas para mi gusto y las engullimos a un ritmo vertiginoso, tanto, que en dos horas, en sólo dos horas estábamos más para allá que "pacá" (el "seat 600" de Oscar fue testigo). Esa facilidad para hacer amigos que te da el alcohol se hizo patente de inmediato (mírese a Felipe, el camarero mulato o las tías de al lado y eso que estaban con sus novios...), también cantamos cosas tan dispares como marchas cofrades, canciones sevillistas e incluso esa canción del Soto que nadie se sabía pero que tanto repetíamos. El caso es que no se como no nos echaron de la cervecería, bueno sí lo se, porque gastamos el taco en birra.

A partir de aquí, todos fuimos montados en la moto, y eso que íbamos en coche, esceptuando al "Ronchita de mayo" que si que iba a dos ruedas.

Cenando la formamos gorda, en el Rejoneo no os cuento, bueno sí, que fue lo mejor. Empezamos pidiendo una botella que, aunque no nos hacía mucha falta eso de coger el puntillo, no se puede salir sin beberse unos "combinados", ¿no?. Todavía con la primera copa en la mano Javi se apoderó de una pandereta para acompañar al grupito flamenco que amenizaba el local y así pues es normal que todos, a parte de partirnos de risa, cantásemos como los niños de OT todas y cada una de las canciones. La noche pasó entre cantes, copas y piropos a las niñas guapas de Sevilla (ya estuvieran con o sin novio) aunque debido a la "facilidad de palabra" que da el alcohol, no creo que fuésemos capaces de articular más que algún que otro "ladrido" para agasajarlas.

Como no podía ser de otra manera, todo terminó con los cuatro jinetes borrachos como cubas y perdidos unos de otros (la idea de dar un gps cada cierto número de cubatas sería un pelotazo) y por supuesto sin plan con ninguna.

Al día siguiente está claro que todo se nos tambaleaba, y en este caso hablo por mí, porque estaba malo pero malo malo. Tanto que me repetí mil veces que iba a dejar de beber porque durante esas horas en las que todo da vueltas con un profundo dolor de cabeza, dejando la fatiguita para casos particulares (jaja), lo que mas te repugna es pensar en cualquier tipo de bebida que cause la evidente RESACA.

Una vez la cabeza deja de retumbar con los ruidos, las nauseas dejan lugar a un hambre voraz y la luz ya no es un impedimento que para mantener abierto los ojos, queda el recuerdo de una noche en la que nos lo pasamos genial y que espero repetir muy pronto (que el pueblo ya huele, señores).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo ya te lo he dicho, y lo escribo aqui para que conste: la próxima no me la pierdo, pero por favor, menos alcohol y más conversación. Como dice un amigo mío: "tened cuidado con las copas, que las carga el diablo"

Anónimo dijo...

Pues ya sabes lo que tienes que hacer pedazo de mariquita. Un abrazo miguelturrense.

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