sábado, 15 de noviembre de 2008

EL SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD

Y aquí estoy yo. Hacia tiempo que no escribía, pero de verdad que es que no tengo tiempo ni de lamerme.

Estoy aquí escribiendo por gusto, pero medio obligado. No obligado por nadie, sino por mi mismo y mi sentimiento de compromiso. Eso es lo que me diferencia de muchas personas: si digo que voy a hacer una cosa, la hago. Soy un tío de palabra. Por eso también he de decir que no me comprometo a menudo, no por nada, si no porque si sé que no puedo cumplir algo, no miento diciendo que si. Y por eso estoy aquí ahora. No di mi palabra, pero casi. Di mi amistad, que es más grande aún.

Tengo que recoger el lavavajillas, limpiar mi cuarto, recoger la ropa del tendedero, hacerme de comer, ducharme (que tío más guarro), afeitarme, instalar el teléfono inalámbrico que me compré ayer. También tendría que hacer la cama, pero eso tampoco es urgente (total esta noche la voy a deshacer de nuevo (que tío más guarro de nuevo).

Por donde iba… ah si, que soy un tío de palabra. Pues eso, que si doy mi palabra, estad tranquilo, que yo cumplo. Pero si no la doy, por algo será. Quizá esa sea la única cualidad de la que estoy seguro que no miento en los curriculums: sentido de la responsabilidad. Supongo que me lo han inculcado mis padres desde pequeño.

Recuerdo cuando trabajaba en la cruzcampo con mi padre, y llegaban los días de feria. La gente me decía que me quedara, que no pasaba ná, pero yo no podía. En pocas horas tenía que levantarme para reponer todo lo que los borrachos (en época yo también lo fui) habían tragado en las casetas. Mi compañero en el curro, de la misma edad que yo, no se privaba, y llegaba al trabajo borracho y sin haberse acostado. La primera hora estaba muy feliz, pero tras las primeras cajas y los primeros barriles, su cara comenzó a ponerse tan blanca como la teta de una monja, y los ojos rojos como dos tomates cherry: “Illo, ahora vengo, que voy a beber agua”, los sudores fríos caían por sus mejillas. Si, bebería agua, pero acto seguido echaría una pota de campeonato.

A media mañana el hombre no era hombre, era trapo. Y yo tonto de mi, le decía que descansase un rato, que la terminaba yo. Alguna otra vez también tuvimos que ir ha llamarlo a su casa, porque se había quedado dormido.
También recuerdo con sonrisas, que cuando terminábamos el día, a eso de las dos, el jefe nos invitaba a unas cervecitas y unos platos, allí en la feria, de puta madre (lástima que estaba de mierda hasta las orejas, si no me quedaría ya en la feria). Pues bien, el susodicho resacoso, a la voz de “vamos a tomarnos una cervecita” él decía “Yo me voy a mi casa”, con el consiguiente cachondeo de todos los demás: “¿¿Tas malo??” le decíamos entre risas. No podía ni respondernos.

Ese es sólo un ejemplo de mi sentido de la responsabilidad. Algunos pensareis que soy tonto por no vivir la vida a tope, pero soy de los que piensan que si adquieres un compromiso con alguien, tienes que hacer que se cumpla de la mejor manera, aunque te cueste. Siempre digo que ya habrá otra oportunidad. Y por ahora las voy teniendo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Se que eres un tio comprometido contigo mismo y lo más importante, eres un tío comoprometido con y para los demás. No me parece plano lo que escribes, para nada. Es tu punto de vista sobre las cosas que es lo que se supone que hay que escribir. Un abrazo desde barrancojondo

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